Tengo que desahogarme...
LA GENTE ES RETRASADA, MONGOLA Y BORREGA.
Nadie con dos dedos de frente niega la igualdad entre sexos, pero cuando lo racional se convierte en pijoteo, ganas de dar la vara, esquizofrenia colectiva e incultura, es cuando a una persona como a mí se le hinchan las narices, que tengo que aguantar como me enseñan en clase de Didáctica General a decir "todas" en el caso de que yo esté en un grupo de personas en el que los hombres seamos minoría.
Que nadie de este hilo se de por aludido (lo siento, tenia que decirlo)
Adjunto este texto (de todos modos los tengo mejores y con argumentos más sólidos):
Andrés Jiménez H.
Administración de Negocios Recientemente un volante de la Alcaldía de Medellín decía: “Inscríbase como proveedor o proveedora de…”, un canal de nuestra región ofrece televisión para “todos y todas” y nuestro gobernador nos trata de “antioqueños y antioqueñas”.
Aproveché entonces el día internacional de la mujer para hacer un pequeño apunte porque este asunto hace días que me preocupa. Se trata de la forma como el discurso feminista ha permjeado el lenguaje. Se ha vuelto peligrosamente común el afán de imponer género en adverbios que no deben llevarlo, o incluso en sustantivos que por norma gramatical consideran masculino la totalidad de un conjunto que contenga al menos un elemento masculino, sin importar cuántos femeninos haya.
Retomemos el ejemplo que me parece más preocupante “todos y todas”. Reflexionar esta frase nos muestra que es una contradicción gigantesca pues implica que la palabra “todos” ha dejado de ser un adverbio de cantidad que se refiere a la totalidad de un conjunto para referirse sólo a los elementos masculinos, es decir, la frase misma desconoce el contenido semántico de una de las palabras que la compone.
Aún más incómodo resulta el caso de algunos gentilicios y de los sustantivos neutros, pues ante la imposibilidad de darles género se requiere del uso de artículos (las, la) pero el afán feminista es tal, que pareciera que en cualquier momento nos sorprenderán imponiendo el uso del género femenino para referirse a estudiantes, votantes, transeúntes, eafitenses, medellinenses, caldenses, etc, etc…
No quiero pensar en las posibilidades que habrían de convertirse en regla si continuando con esta lógica pasáramos de los sustantivos y los adverbios a las personas. Las escuelas tendrían que enseñar la conjugación de los verbos para al menos 10 personas: yo, tú, él, ella, nosotros, nosotras, vosotros, vosotras, ellos y ellas (¿Y usted?).
El punto es que estamos haciendo distinciones tanto banales en el campo ideológico como incorrectas en el campo lingüístico, estas distinciones no conducen a nada distinto de vulnerar las herramientas semánticas de nuestra lengua, caracterizadas por su riqueza y amplitud.
El feminismo en tanto ideología enriquece a la sociedad en la medida que nos ilustra cómo las diferencias de género pueden humanizarnos, y nos concientiza de un bagaje histórico que por milenios desconoció la humanidad de la mujer.
Esta historia se traduce en lastres de cuyo peso aún somos víctimas, pero las batallas han de librarse en campos como el laboral, el político, el sexual, y el psicológico, en el campo lingüístico no llegaremos más lejos de la construcción de distinciones eufemísticas y del desuso del lenguaje.
http://www1.eafit.edu.co/nexos/articulo/140/66402
Apunto que
violencia de género es una expresión incorrecta, puesto que el género hace referencia únicamente a las palabras (masculino o femenino), no al sexo de las personas. En todo caso sería correcto decir violencia machista, o algo así. Una persona no es de género masculino o femenino.
En relación a esto copio directamente de la web del Ministerio de Igualdad: "...lucha contra toda clase de discriminación y contra la
violencia de género."
Lo que yo os diga, esquizofrenia en colectividad.