Presentación de MIGUELITO. (antigua Cabra Mecánica)

Tema en 'Música' comenzado por un hombre exquisito, 15 de Marzo de 2012.

  1. Miguel Ángel Hernando Trillo es un ser humano genial, agudo, tierno y entrañablemente inseguro. Tanto que siempre se ha escondido tras un mote (Lichis), un personaje (en superficie frívolo y canalla) y en un proyecto musical que, para aquellos infelices que no le dedicaron la atención suficiente, no pasaba de ser un grupo graciosete y rumberillo (La Cabra Mecánica). En fin, ellos se lo perdieron.
    Ahora, con cuarentaypocos y tras haber firmado algunas de las letras más inteligentes y de las canciones más redondas del pop español, tras conseguir algún éxito y encontrarse algún que otro batacazo, se ha decidido a mostrar su lado más introspectivo, serio y, sobre todo, desarmado. Tanto que a su proyecto en solitario le ha bautizado con el nombre de la canción que Depedro había dedicado a su estado de ánimo levemente depresivo, ese Miguelito que necesita que le mimen y del que esperamos canciones. Tanto que, si antes las referencias había que buscarlas entre líneas (como esa maravilla de “Reina de la mantequilla” como homenaje a “Butter Queen”, célebre groupie de los Rolling Stones) ahora pone las cartas boca arriba con un proyecto de homenaje a las raíces del blues (Troublemakers Blues Review) y con unas nuevas composiciones más country y blues, añejas y curadas en barrica.
    Eso sí, este ejercicio de sinceridad cuesta, y más si eres Miguel Ángel Hernando y llevas tanto años aparentando ser el feliz cabraloca que canta en La Cabra. Por eso imagino que solo ahora, año y medio después del primer cálculo, empezamos a ver la luz al final del túnel aquellos que le esperamos como agua de mayo.
    Anoche se estrenaba en el Café La Palma de Madrid, presentado como “una muñeca rusa” y, como mandan los cánones del tímido con buen gusto, tirando de deliciosas versiones. Abrió con una revisión muy lenta y cálida de I´m so lonesome I could cry de Hank Williams que, por supuesto, también era un guiño al maestro Cash y su profeta Rubin: el mejor felpudo posible para entrar con buen pie en tan hospitalario recibidor. Siguió con So Long, Marianne de Leonard Cohen que, ahora, parece escrita expresamente para Dylan o, mejor, escrita expresamente por Dylan para Lichis: porque igual que el maestro Zimmerman, Miguelito paladea con mayor dulzura y escupe con especial aspereza algunos versos, en este caso, vayan ustedes a saber por qué, justamente estos:

    You know that I love to live with you,
    but you make me forget so very much.
    I forget to pray for the angels,
    and then the angels forget to pray for us.

    So long, Marianne ...

    La tercera, presentada con un “vamos con una de La Cabra… porque habrá que hacer alguna…” es –Gracias por nada, en cuyo estribillo vuelve a demostrar que, junto con Loquillo, es uno de los cantantes que mejor berrean en castellano y, de nuevo, parecen, o suenan, o me parecen o me suenan especialmente relevantes los versos:

    “solo consideraré amigo
    a aquel que pueda invitar a casa
    sin esconder mi mejor ni mi peor disco…
    Resumo lo vivido por escrito:
    Y gracias por nada”

    El tímido comienza a soltarse y presenta al fin a sus músicos que, en realidad, no necesitan presentación porque son famosos, respetados y, sobre todo, fieles compañeros de aventuras pasadas: Fernando Polaino, Julián Kanevsky y José Bruno. Tal vez por esta comodidad se le pasa presentar la siguiente canción: “Lo mejor de nuestra vida” de Antonio Vega, que sabe convertir en suya, enlazándola muy bien con el aire entre melancólico y orgulloso de la anterior y reivindicando a otro autor a menudo devorado por su personaje del que siempre han de permanecer las canciones y versos como:
    “Lo mejor de nuestra vida:
    aprendimos a mentir y a no sentir temor
    Del amor, que antes dolía…”

    No es hasta la quinta canción y después de quince minutos de introducción cuando Miguelito se decide a despegar. Y lo hace con “Horas de Vuelo”, canción grande, que pretende hacer balance de todo lo vivido y aprendido (“lo que creí que el dolor me enseñaría/ (…) lo que di por bueno cuando ya estuvo bien”) y de una forma de entender la vida y, probablemente la música (si es que no son la misma cosa para un artista como Lichis): “Seguir negando el frío hasta tiritar de rabia” exclama sin necesidad de gritar, con la profundidad que le da la experiencia y tantas horas de vuelo que, probablemente, incluyen algún aterrizaje forzoso.

    Subiendo levemente el pistón viene “Salir a asustar”, que incide en esa ácida ironía sabia que siempre tuvo La Cabra Mecánica:

    Creímos estar exprimiendo el limón
    y no nos equivocamos:
    dimos varias vueltas al Sol,
    fuimos “lo mejor que habían visto en años”

    (…)
    Ser felices tampoco parecía demasiado
    Para aristócratas de barro
    (…)
    Ahora que ya no salimos
    Ahora que ya no salimos
    Salimos a asustar

    (Probable single del próximo proyecto o, ya que eso no depende de nosotros y, en cualquier caso, importa cada vez menos: indudable temón).

    A continuación viene "Woman", delicada y a punto de romperse, muy próxima al original de Lennon y que al terminar Lichis se siente obligado a justificar con un “a ver… ¡que hay que evolucionar!”. Pero esa evolución nos conduce a “Casi Rock&Roll”: anti-himno parecido a “Valientes” en el tratamiento de la mínima épica diaria, con versos como:

    Será mejor que llames a quien puedas llamar “amigo” en el último regate
    O “va a ser aquí, va a ser así, va a ser ahora”.

    Ya cerca del final cae el último inédito de la noche: “Televisión de madrugada”, una composición muy, muy Quique González que va progresivamente distorsionándose hasta aproximarse mucho a Wilco, incluso en la voz.

    Queda tiempo aún de reivindicar otra vez a La Cabra con "Carne de canción" y su inmejorable estribillo (“somos carne de canción/ y todas van de lo mismo/ no esperes paz ni perdón/ si das con el estribillo”) que en este caso se “atexemiza” aún más pese a tener que suplir las trompetas con una brillante slide que remite a Calexico y Nueva Orleans. Sin embargo, de nuevo, transmuta la melancolía a una reivindicación cabrense y lichiana, con unos jaleos de Polaino y cía que nos remiten a aquellos “díselo, Bambino” y que recuerdan que Lichis, aunque ya no se ponga, aún sabe ponerse flamenco. (Queda dicho si algún día le echarais de menos)

    Para terminar Miss camiseta mojada de Quique González y un turno de preguntas en el que nos tranquiliza: de aquí a un mes o mes y pico va a salir de una puta vez un discazo bajo el nombre de Miguelito y, en lugar de tener que leer pesadas e inexactas crónicas, podréis disfrutarlo por vosotros mismos. Ponen el broche con dos bluses a lo Troublemakers Blues Review (“Mad dog” de Led Zeppelin y “Crazy for my babe” de Willie Dixon). Pero eso ya era lo de menos porque, aunque fuera con cuentagotas, lo que más nos interesa de todo esto (por encima del Lichis melómano, intérprete o bajista) es la vuelta al ruedo de uno de los mejores autores de canciones en castellano. Ya le dejamos escapar una vez y seríamos muy tontos si le dejáramos marchar otra vez como si nos lo pudiéramos permitir.

    P.D. MUERTE A LOS FALSOS PROFETAS DE LA CANCIÓN DE AUTOR
    http://unhombreexquisito.blogspot.com
     
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